jueves, 20 de diciembre de 2007

NO NECESITAMOS BANDERAS... ¿NINGUNA?

La autoridad que nos da el buen juicio y en pleno uso de nuestra razón

declaramos romper en forma oficial los lazos que nos pudieron atar alguna vez

a una institución o forma de representación que nos declare parte de su total.

Con toda honestidad y con la mente fría renegamos de cualquier patrón

ya todas las divisas nos dan indiferencia renegamos del cualquier color

se llame religión se llame nacionalidad no queremos representatividad.

No necesitamos banderas no reconocemos fronteras

no aceptaremos filiaciones no escucharemos más sermones.

Es fácil de inquietar dejar que otros hablen y decir ellos saben más que yo

ponerse una insignia marchar detrás de un líder y dejar que nos esgriman como razón

no vamos a esperar la idea nunca nos gustó

ellos no están haciendo lo que al comienzo se pactó.

No necesitamos banderas no reconocemos fronteras

no aceptaremos filiaciones no escucharemos más sermones.

Me atrevo a decir que esta es la mejor letra compuesta por Los Prisioneros y la lírica más cruda y políticamente completa desde Yo canto a la Diferencia, Mazúrkika Modérnika, Miren Cómo Sonríen Los Presidentes y Los Pueblos Americanos, esta última una suerte de tía abuela de la canción de los sanmiguelinos, sobretodo cuando remata “por un puñao’e tierra no me armen guerra”.


La versión original comienza con ese misterioso bajo punk, punk con el que luego flirtea sin pudor la guitarra. No discutiré ahora si el punk, al igual que el hip hop, al desvincularse de su lugar de lógica original, mantiene o acaso puede lograr mantener su naturaleza ideológica, su ánimo antisistémico, su rebeldía inicial; o el trasplante, por ser trasplante, lo vuelve también un modelo, un sistema, una “bandera”. La discusión sobre la búsqueda de una “música propia” es en sí peligrosa, porque nos puede volver unos reaccionarios musicales. De todas maneras, es un tema al que hay que darle otras vueltas.


La exposición ideológica conmueve por su simpleza, su claridad, su pasmosa y tranquila sinceridad. Es un habla calmada gritada hace ya veinte años. ¿Nadie en la Moneda y en el Congreso de verdad la ha escuchado? Muchos de ellos en realidad la bailaron. Y es que quizás el discurso no tiene todo ese PODER que muchas veces queremos, deseamos, rogamos ver en la “sociedad”. Ya lo dice Mazúrkika Modérnika, solo un piñúflico la formulárica. Pero de eso también hablaré en otra ocasión.


Mucho del “desencanto” juvenil, que nos quieren hacer creer que solo surge en los noventa, ya está perfectamente dibujado en este temazo. Es triste, eso sí, tener que reconocerlo como un “desencanto”. Preferiría que fuese desde su origen un rechazo, que la formulación ideológica primera estuviera ya convencida de la desafiliación a instituciones rastreras que nos hacen parte de su total. Pero Los Prisioneros dan clara cuenta de que se cayó en la trampa inicialmente. Ellos no están cumpliendo lo que al comienzo se pactó. Ese comienzo y ese pacto manchan, creo, al menos con ingenuidad, quizás incluso con las mismas ansias de poder, la parada antisistémica que ahora con tanta calma y dignidad gritan.


La renuncia a la nacionalidad me parece esencial. En los tiempos modernos es fácil despotricar contra la religión, los partidos políticos, las representaciones legales. Aún no es muy bien visto, sin embargo, negar una identidad patria ni la pertenencia a una familia. Los Prisioneros dan el primer paso, no el más radical, pero sí uno bastante rudo dentro de nuestras lógicas chovinistas.
Negar la pertenencia a cualquier forma de representación y representatividad cae, no obstante, en la trampa misma del lenguaje como una institución representativa. Y creo que Los Prisioneros no alcanzaron a caer en esa cuenta. Veo como muy sintomático, por ejemplo, el uso constante, despreocupado, casi descarado, de la primera persona plural. ¿Por quién quiere hablar Los Prisioneros? ¿A quién quieren “representativizar” con sus no, con sus sermones, con su poder de voz? ¿Por qué se toman el derecho de hablar por un nosotros?


La trampa del lenguaje es constante, cruel, siniestra. Una bandera que nos tiñe con su sangre sin posibilidad de escapatoria. Sin punk ni Prisioneros que nos (¡¡nos!!) salve.

2 comentarios:

vero dijo...

me, gusta la canción que compromete el pensar. debo confesar que no me gusta la omisión. Y discrepo cuando dices, que esta es la mejor letra de los prisneros para mi es " chuteando piedras"
!bueno el video!
un abrazo

vero dijo...

Me equivoque tuve un lapsus el tema se llama el baile de los que sobran