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lunes, 9 de marzo de 2009

HÉCTOR I: TÍRATE UN VITUPERIO

http://blogs.cooperativa.cl/velismeza/2008/11/12/¿que-es-exactamente-un-vituperio/


Héctor de seguro es muy pero muy simpático en persona y no dudo que debe generar sobremesas larguísimas, sabrosas, llenas de historias palabrísticas curiosas, entretenidas, datilleras y asombrosas para el oído sinceramente curioso. Por supuesto, todo con toques de, sospecho, mitomanía, aunque quizás este último juicio sea solo parte de mi soberbia ignorancia y mi deseo de atacarlo. Lo digo en serio.


Mientras alarga la entretenida sobremesa, Héctor vitupera a sus cándidos comensales que de pronto, avergonzados e impactados, descubren que han sido toda su vida unos imbéciles lenguajistas, que han pecado contra el verbo y que en realidad jamás eso que creyeron que había sido comunicación con sus pares lo había sido en realidad, porque todo se había basado en mentiras, falsedades y estultos datos erróneas. Degradación nacional. Que ni un chileno hable más.


Cual superhéroe de comedia de enredos, Héctor ha decidido salir en defensa del vituperado Don Diccionario... pero este no se quisiera más que una vida apacible y tranquila, solo con esporádicos diálogos consultivos que, por favor, no le den más trabajo que el que él mismo sabe que puede bien realizar.


A decir verdad, Don Diccionario aguanta estoico la defensa realizada por Héctor. Más sufre el defendido que el ofendente, que sigue feliz con sus conatos, pachorras (¡ya hablaremos de ese vituperio al lenguaje!) y tomando pequeños vituperios en el cóctel de ocasión.


¡Qué vitupereadas lenguales! Pero a la gente que entra en Diagonal Paraguay al café Vituperio no le importa usar su lengua en ricas vitupereadas, ni menos a la lengua de mi jefa que nos invitó a todos el otro día a una reunión con ¡vituperios para todos los nosotros asistentes!



Héctor replica:


Curiosamente, en los últimos años, a esta palabra se le viene otorgando un significado que no lo tiene: comida o celebración informal. ¡Te invito a un vituperio! u ¡Organicemos un vituperio! se han convertido en frases de uso común en el lenguaje popular chileno, para aludir a un festejo sin ningún tipo de convencionalismos


Héctor vitupera: en ese "se le viene" estoy yo, está mi madre, está mi jefa, está varios de mis colegas, muchos del metro, noventaynueve de cada cien chileno... todos un poco ninguneados por hablar lenguaje popular chileno, serpiente del paraíso, madre de todos nuestros vituperios a Don Diccionario.


Para ser exactos, el único vituperio que reconocen los diccionarios es el que ofende y deshonra.


Mi jefa impersonalizada, pero mi noble diccionario, hambriento de, a modo de pequeños vituperios, nuevas acepciones para las aburridas viejas palabras que ya se ha leído, ¡personalizado!


Héctor, entiende: solo aumentas la autoflagelación y el prejuicio lingüístico y social.

jueves, 20 de noviembre de 2008

HÉCTOR: INTRODUCCIONES

http://blogs.cooperativa.cl/velismeza/2008/10/20/¿por-que-corrijo-a-mis-alumnos/

Posible introducción 1: La indiferencia debería ser la manera cómo deberíamos tratar a gente como Campusano, Banderas (qué será de él?) o Véliz Meza. ¡Perdón! Véliz-Meza. No pescar simplemente sus arranques de cultismos barrocos, sus compras de indulgencias cívicas (¡somos sus educandos!), sus beaterías verbales, sus constantes burlas, desdenes, mofas y humillaciones del habla común y corriente. En el caso de Véliz Guión Meza, encontraba hasta simpático su viejo programa radial, porque era un poco de etimología de sobremesa y no alcanzaba a ser mucho más que eso. Pero ahora he estado haciendo el ejercicio de revisar su blog en la página virtual de la Cooperativa... y no puedo ser indiferente. Rabia recorre mi espalda (y algunas de ustedes saben cuán sensible tengo la espalda jeje)

Posible introducción 2: Nunca he terminado de saber de verdad si soy un estructuralista hjemsleviano acérrimo, un chomskyano no asumido o un voloshinoviano inexorablemente inconsecuente, pero sí sé qué es lo que jamás seré: un reaccionario de las palabras. Un tirano de las acepciones léxicas. Un verdugo de la intimidad verbal de los demás y mía (solo contigo Natalia me doy el descriterioso permiso de reirme de tus "tr" acuicadas, jiji). Al contrario, gozo la diversidad, amo escuchar nuevos usos para palabras viejas, me enloquecen las lexicogenesias (como la de aquel venezolano que me dijo que su problema era que "adolescía mucho", es decir, que era un eterno pendejo adolescente... o como nuestro maltratado coherer, cuya autoría atribuyo a la maestra cofré, aunque mi memoria puede, ya lo saben, equivocarse). Soy de la idea fundamentalista (saussureana? chomskyana? voloshinoviana?) de que si al menos dos personas ya comparten el significado/sentido/uso/entrada léxica de una palabra, esa palabra ya existe (como el tierno "hallönchen" de Sayén Moreira Soto... que porque lo entiende ella y su familia... ¡ya es!). Y no tolero a los que mercadean con las palabras, se las apropian, se consideran sus dueños, dignos reyes con derecho a cobrar tributo por usarlas. Porque o las palabras son de nadie (Saussure) o son nuestras, tuya, de aquel (Voloshinov) o de Pedro, María, Juan y José... por separado (Chomsky).

Posible introducción 3: Después de "El mentalés", el mejor capítulo de "Instinto de lenguaje" de Pinker es aquel donde se refiere a quienes se creen guardianes del buen hablar, del significado justo, sacerdotes del diccionario. Él los llama simplemente "charlatanes". Héctor Véliz-Meza es uno de ellos. Con su lengua venenosa y seca, intentan "culturizar"nos con sospechosas buenas intenciones, y se vanagloria de sus enciclopédicos conocimientos de sobremesa dominical para hacernos creer que somos unos imbéciles descuidados con nuestro lenguaje. En su blog de Radio Cooperativa abundan la humillación, la soberbia y la discriminación lingüística, que si nos humillan y nos discriminan en la vida social, ¡al menos déjennos hablar como logremos de verdad comunicarnos! Pero de criterios de comunicación "adolece" este charlatán culto y encorbatado, y brilla en las lides del stato quo y del poder arrogante de la "alta cultura". Un personaje así merece todo nuestro desprecio. Aunque a veces resulte entretenido, ameno, ingenioso. Exijamos que nadie viole nuestras lenguas. ¡¡Nuestras lenguas sí que no!! Por eso declaro a Véliz-meza un peligro público.

domingo, 6 de enero de 2008

PERDÓN POR HABLAR

el adolescente llora. se seca sus ojos con un ya mocoseado pañuelo desechable y se le corta la voz al evitar romper en sollozos. todo chile lo está viendo y él siente vergüenza. el país entero lo condena. la sociedad entera lo condena. y él lo sabe. trata de justificar otras cosas, pero la culpa mayor no sabe cómo justificarla y solo atina a pedir perdón. otras cosas pueden comprenderse, menos eso. "disculpe" atina a decir.

¿tendrá ya 16 años? ¿sabrá lo que es la responsabilidad penal? sin embargo, ya sabe muy bien lo que es un juicio social sobre su actuar lingüístico. su miseria está ahí graficada. el desprecio del locutor, ese desprecio absoluto y profundo, se vehiculiza en su falsa condescendencia registral. "no se preocupe. el coa es el lenguaje delictual". sentencia. juicio de experto. miseria. desdén. basura.

sin poder considerar suficiente el peso de llevar una carga de adicción y delincuencia, el adolescente llora y baja la cabeza, avergonzado, porque su lenguaje también le pesa y debe ser explicado al gran juez invisible que es el público, público ávido de sangre discursiva. flaite. flaite. flaite. ratero. ratero. ratero. "estoy traduciendo a la gente que no entiende el coa" precisa con una fiereza atemorizante el conductor del programa. el público en sus casas podrá entonces pensar con calma, sin remordimientos, que ese adolescente era eso, un flaite, un ratero. lo peor.

ahí. ahí están cocinados los idearios sociales sobre el lenguaje. ridículos nosotros hablando de la igualdad de registro, casi como principio básico del ser humano, como derecho irrenunciable. ridículos nosotros. el adolescente agachó la cabeza y pidió perdón. no por robar. no por pitearse cosas de la casa. por hablar coa. pidió perdón por hablar.