
En la página 8 de la edición del jueves 11 de La Hora apareció una información referida al Transantiago y el nivel de evasión de pasajes que alcanzaría actualmente. El índice del 11% lo obtenían a partir de una investigación que habría realizado la Facultad de Ingeniería de la Universidad Bernardo O'Higgins. La nota comienza con un supuestamete irónico "Al parecer los capitalinos aún no se acostumbran a que los pasajes del bullado Transantiago sólo (sic) fue (sic sic) gratis en (sic sic sic) el primer día de implementación". El tema es que a lo largo de la nota la ironía se vuelve derechamente juicio social.
El segundo párrafo dice "La investigación (...) destacó que en la zona H del plan, que contempla las comunas de Pedro Aguirre Cerda, San Joaquín, San Miguel y Lo Espejo, el no pago del servicio llegó al 34%". Justamente lo contrario ocurre en comunas del barrio alto. Esta idea destacada es reforzada dos párrafos después con la voz autorizada, nada más y nada menos que el vicerrector de la universidad, quien señala que "es importante destacar que las zonas donde existe un menor porcentaje de evasión de los pasajes es donde se encuentran los mayores ingresos". O sea, este caballero descubrió la pólvora y teoriza sobre ella. Lo escandaloso sería que justamente ocurriera lo contrario.
El señor vicerrector además "recalcó que el Transantiago es un sistema injusto porque al final las personas que pagan están financiando al alto porcentaje de quienes no cancelan sus pasajes".
Los verbos "destacar" y "recalcar" nos han insistido en la idea base de la nota: los ricos pagan, los pobres no. Que luego se nos diga que es injusto porque hay "personas" que están financiando el pasaje de otras oculta, en la lógica de las cifras destacadas, el hecho de que finalmente son los ricos los que subsidian el pasaje a los pobres. En eso radicaría, finalmente, la injusticia: en que los que tienen más financien el pasaje de los que tienen menos. En definitiva, el señor vicerrector de la Uiversidad Bernardo O'Higgins a veces destaca el origen social de los contribuyentes y a veces, cuando puede sonar políticamente incorrecto, lo calla; pero lo que le interesa es asegurar que los ricos no sigan regalando su plata indirectamente a los de clase baja.
La lógica de que los ricos subsidien a los pobres fue el espíritu del original plan AUGE, del cual poco queda gracias a los señores congresistas. La vieja idea de los quintiles para diferenciar el pago de los aranceles de las carreras universitarias se alimenta de la misma idea fuerza, y sospecho que por lo mismo jamás la veremos a cabo. Qué curioso, entonces, que de todas maneras, los que "no cancelan sus pasajes" le hayan encontrado finalmente una vuelta de tuerca al viejo anhelo: que los ricos subsidien algún servicio público a los pobres. Un subsidio de no sé cuántos millones de pesos al año.
Y qué curioso que hasta por ese pasaje de 380 pesos salga nuestra alta clase dirigente (e intelectual, pues, ¡si es un vicerrector académico el que recalca!) se invente millonarios estudios, todo con tal de justificar su egoísmo y reclamar puerilmente por sus monedas y por sus chauchas.
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