Héctor de seguro es muy pero muy simpático en persona y no dudo que debe generar sobremesas larguísimas, sabrosas, llenas de historias palabrísticas curiosas, entretenidas, datilleras y asombrosas para el oído sinceramente curioso. Por supuesto, todo con toques de, sospecho, mitomanía, aunque quizás este último juicio sea solo parte de mi soberbia ignorancia y mi deseo de atacarlo. Lo digo en serio.
Mientras alarga la entretenida sobremesa, Héctor vitupera a sus cándidos comensales que de pronto, avergonzados e impactados, descubren que han sido toda su vida unos imbéciles lenguajistas, que han pecado contra el verbo y que en realidad jamás eso que creyeron que había sido comunicación con sus pares lo había sido en realidad, porque todo se había basado en mentiras, falsedades y estultos datos erróneas. Degradación nacional. Que ni un chileno hable más.
Cual superhéroe de comedia de enredos, Héctor ha decidido salir en defensa del vituperado Don Diccionario... pero este no se quisiera más que una vida apacible y tranquila, solo con esporádicos diálogos consultivos que, por favor, no le den más trabajo que el que él mismo sabe que puede bien realizar.
A decir verdad, Don Diccionario aguanta estoico la defensa realizada por Héctor. Más sufre el defendido que el ofendente, que sigue feliz con sus conatos, pachorras (¡ya hablaremos de ese vituperio al lenguaje!) y tomando pequeños vituperios en el cóctel de ocasión.
¡Qué vitupereadas lenguales! Pero a la gente que entra en Diagonal Paraguay al café Vituperio no le importa usar su lengua en ricas vitupereadas, ni menos a la lengua de mi jefa que nos invitó a todos el otro día a una reunión con ¡vituperios para todos los nosotros asistentes!

Héctor replica:
Curiosamente, en los últimos años, a esta palabra se le viene otorgando un significado que no lo tiene: comida o celebración informal. ¡Te invito a un vituperio! u ¡Organicemos un vituperio! se han convertido en frases de uso común en el lenguaje popular chileno, para aludir a un festejo sin ningún tipo de convencionalismos
Héctor vitupera: en ese "se le viene" estoy yo, está mi madre, está mi jefa, está varios de mis colegas, muchos del metro, noventaynueve de cada cien chileno... todos un poco ninguneados por hablar lenguaje popular chileno, serpiente del paraíso, madre de todos nuestros vituperios a Don Diccionario.
Para ser exactos, el único vituperio que reconocen los diccionarios es el que ofende y deshonra.
Mi jefa impersonalizada, pero mi noble diccionario, hambriento de, a modo de pequeños vituperios, nuevas acepciones para las aburridas viejas palabras que ya se ha leído, ¡personalizado!
Héctor, entiende: solo aumentas la autoflagelación y el prejuicio lingüístico y social.
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